domingo, 9 de octubre de 2022

JESÚS RODRÍGUEZ QUINTERO, “EL LOCO DE LA COLINA”

(☼ SAN JUAN DEL PUERTO, HUELVA, 18-08-40 – † UBRIQUE, CÁDIZ, 03-10-22)
IN MEMORIAM


Ahora me voy ya
a contestarme yo mismo
—no sé en qué lugar—
las preguntas que le he hecho
durante todo este tiempo a los demás.

Y yo me iré,
y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol
y con su pozo blanco.

Todas las tardes
el cielo será azul y plácido;
y tocarán,
como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año.

Y en el rincón aquel
de mi huerto florido y encalado
mi espíritu errará nostálgico.

Y yo me iré y estaré solo,
sin hogar,
sin árbol verde,
sin pozo blanco…
sin cielo azul y plácido
——————————
En Herrera en COPE, 04/10/22.

domingo, 2 de octubre de 2022

CRÓNICA

Sábado, 10 de septiembre, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por paperman


HENRY DAVID THOREAU
POEMAS [1]

INDEPENDENCIA

Mi vida es más libre y civil
que cualquier urbanidad.

Príncipes, quedaos los reinos
y el poder circunscrito,
no mayores que mis sueños
ni tan ricos como esta hora.

¿Qué podéis darme que no tenga?
¿Qué podéis quitarme que tenga?
¿Podéis defender al indemne?
¿Heredar la desnudez?

A todas las necesidades reales
el oído de los tiempos es sordo,
los estados de penuria no prestan
más consuelo que el vil metal;
pero un alma libre —a Dios gracias—
puede ayudarse a sí misma.

Estad seguros de que vuestro hado
está aparte de su estado,
no ata con cinta alguna
a los nobles de la tierra.
En las tiendas de oro
no tiene lugar alguno,
pero es más caballeroso
y suspira por una guerra más noble.
Su trompeta suena más hermosa,
y más destella su armadura.

Ningún hombre me ha propuesto
la vida que aspiro a vivir,
ni hay negocio en la ciudad
que ostente su blasón.

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LA TIERRA

La que parece tan estéril una vez dio a luz
a héroes que invadieron sus llanuras,
que surcaron sus mares y cosecharon su grano.

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RUMORES DE UN ARPA EOLIA

Hay un valle que nadie ha visto,
nunca hollado por pie humano,
como el que aquí agota
un vivir de angustia y pecado.

Allí toda virtud nace
antes de caer a la tierra,
y allá regresa toda acción
que arde en pecho generoso.

Allí hay cálido amor, el más joven,
y la poesía es inaudita,
pues la Virtud es osada
y libre respira su aire natal.

Y siempre, si oís bien,
oiréis su campana vespertina,
y pasos de hombres magnánimos
cuyo pensar conversa con el cielo.

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MIS BOTAS

A veces con abierta temeridad tragan
el néctar del rocío con sed natural,
o humedecen sus forrados pulmones con bayas ocultas,
con vino más dulce que el de Quíos, Lesbos o Falerno.
El suyo fue el lustre interno que apalabró
una suela abierta —incapaz de excluir
al día dichoso—, una gloria más valiosa
que aquella que dora la corteza exterior de oscuridad visible,
virtudes que aguantan durante años,
más castigadas por dentro que por fuera.

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CONOCÍA A UN HOMBRE DE VISTA

Conocía a un hombre de vista,
un tipo sin tacha
que, por uno o dos años
pasaba junto a mi puerta,
pero no había cruzado palabra con él.

Le encontré en un camino
a él y a su bastón
a unas tres millas de casa,
por donde solía pasear,
y le miré largo, y él a mí.

En un lugar más lejano
vislumbré su rostro
y por instinto me incliné;
me devolvió el saludo,
nos inclinamos y pasamos.

Luego, en tierra extraña
estreché su mano
y mantuvimos charla
sobre esto y aquello,
como si le conociera hace mil años.

Luego a la intemperie
compartí su confusión,
porque había visto penurias
y yo había sido un vagabundo;
fue mi amigo del alma, y yo el suyo.

Así, creo, todos,
grandes y pequeños
que han vivido en la tierra,
nazcan pronto o tarde,
extraños y enemigos, se conocerán un día.

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CLIFFS

El mayor sonido que lleva aquí la brisa
es el susurro del bosque; cuando queremos captar
sonido audible, y nada captamos,
hay calma profunda. No se ha dado la lengua salvo
para vejar el oído con pensamientos superficiales.
Cuando ascienden los más profundos, la discordia chirriante
del áspero discurso calla, y los sentidos parecen,
por pequeño que sea, compartir el éxtasis.

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LA LUNA

El tiempo no la agota; ella guía su carro;
la mortalidad está bajo su órbita
.

Raleigh

La orbitada luna de rayo inalterable
remonta el cielo oriental,
no condenada a estas breves noches,
sino con brillo firme.

No mengua ella, sino mi fortuna,
que sus rayos no bendicen;
mi porfiado camino decae pronto,
pero ella no desiste.

Y aunque débil riele aquí
y palidezca su luz,
siempre en su propia esfera
es la reina de la noche.
——————————
[1] De Poemas, Madrid, Cátedra, 2018.

domingo, 25 de septiembre de 2022

CRÓNICA

Sábado, 10 de septiembre, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por artemio


JORGE LUIS BORGES
EL ORO DE LOS TIGRES [1]

EL PASADO

Todo era fácil, nos parece ahora,
en el plástico ayer irrevocable:
Sócrates que, apurada la cicuta,
discurre sobre el alma y su camino
mientras la muerte azul le va subiendo
desde los pies helados; la implacable
espada que retumba en la balanza;
Roma que impone el numeroso hexámetro
al obstinado mármol de esa lengua
que manejamos hoy, despedazada;
los piratas de Hengist que atraviesan
a remo el temerario Mar del Norte
y con las fuertes manos y el coraje
fundan un reino que será el Imperio;
el rey sajón que ofrece al rey noruego
los siete pies de tierra y que ejecuta,
antes de que el sol decline, la promesa
en la batalla de hombres; los jinetes
del desierto, que cubren el Oriente
y amenazan las cúpulas de Rusia;
un persa que refiere la primera
de las Mil y Una Noches y no sabe
que inicia un libro que los largos siglos
de las generaciones ulteriores
no entregarán al silencioso olvido;
Snorri que salva en su perdida Thule,
a la luz de crepúsculos morosos
o en la noche propicia a la memoria,
las letras y los dioses de Germania;
el joven Schopenhauer, que descubre
el plano general del universo;
Whitman, que en una redacción de Brooklin,
entre el olor a tinta y a tabaco,
toma y no dice a nadie la infinita
resolución de ser todos los hombres
y de escribir un libro que sea todos;
Arredondo, que mata a Idiarte Borda
en la mañana de Montevideo
y se da a la justicia, declarando
que ha obrado solo y que no tiene cómplices;
el soldado que muere en Normandía,
el soldado que muere en Galilea.

Esas cosas pudieron no haber sido.
Casi no fueron. Las imaginamos
en un fatal ayer inevitable.
No hay otro tiempo que el ahora, este ápice
del ya será y del fue, de aquel instante
en que la gota cae en la clepsidra.
El ilusorio ayer es un recinto
de figuras inmóviles de cera
o de reminiscencias literarias
que el tiempo irá perdiendo en sus espejos.
Erico el Rojo, Carlos Doce, Breno
y esa tarde inasible que fue tuya
son en su eternidad, no en la memoria.

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TANKAS

6

No haber caído,
como otros de mi sangre,
en la batalla.
Ser en la vana noche
el que cuenta las sílabas.

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LO PERDIDO

¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo
y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido
de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,
según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.

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RELIGIO MEDICI, 1643

Defiéndeme, Señor. (El vocativo
no implica a Nadie. Es sólo una palabra
de este ejercicio que el desgano labra
y que en la tarde del temor escribo.)
Defiéndeme de mí. Ya lo dijeron
Montaigne y Browne y un español que ignoro;
algo me queda aún de todo ese oro
que mis ojos de sombra recogieron.
Defiéndeme, Señor, del impaciente
apetito de ser mármol y olvido;
defiéndeme de ser el que ya he sido,
el que ya he sido irreparablemente.
No de la espada o de la roja lanza
defiéndeme, sino de la esperanza.

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COSAS

El volumen caído que los otros
ocultan en la hondura del estante
y que los días y las noches cubren
de lento polvo silencioso. El ancla
de Sidón que los mares de Inglaterra
oprimen en su abismo ciego y blando.
El espejo que no repite a nadie
cuando la casa se ha quedado sola.
las limaduras de uña que dejamos
a lo largo del tiempo y del espacio.
El polvo indescifrable que fue Shakespeare.
Las modificaciones de la nube.
La simétrica rosa momentánea
que el azar dio una vez a los ocultos
cristales del pueril calidoscopio.
Los remos de Argos, la primera nave.
las pisadas de arena que la ola
soñolienta y fatal borra en la playa.
Los colores de Turner cuando apagan
las luces en la recta galería
y no resuena un paso en la alta noche.
El revés del prolijo mapamundi.
La tenue telaraña en la pirámide.
La piedra ciega y la curiosa mano.
El sueño que he tenido antes del alba
y que olvidé cuando clareaba el día.
El principio y el fin de la epopeya
de Finnsburh, hoy unos contados versos
de hierro, no gastado por los siglos.
La letra inversa en el papel secante.
La tortuga en el fondo del aljibe.
Lo que no puede ser. El otro cuerno
del unicornio. El Ser que es Tres y es Uno.
El disco triangular. El inasible
instante en que la flecha del eleata,
inmóvil en el aire, da en el blanco.
La flor entre las páginas de Bécquer.
El péndulo que el tiempo ha detenido.
El acero que Odín clavó en el árbol.
El texto de las no cortadas hojas.
El eco de los cascos de la carga
de Junín, que de algún eterno modo
no ha cesado y es parte de la trama.
La sombra de Sarmiento en las aceras.
La voz que oyó el pastor en la montaña.
La osamenta blanqueando en el desierto.
La bala que mató a Francisco Borges.
El otro lado del tapiz. Las cosas
que nadie mira, salvo el Dios de Berkeley.

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TÚ

Un solo hombre ha nacido, un solo hombre ha muerto en la tierra.

Afirmar lo contrario es mera estadística, es una adición imposible.

No menos imposible que sumar el olor de la lluvia y el sueño que anteanoche soñaste.

Ese hombre es Ulises, Abel, Caín, el primer hombre que ordenó las constelaciones, el hombre que erigió la primer pirámide, el hombre que escribió los hexagramas del Libro de los Cambios, el forjador que grabó runas en la espada de Hengist, el arquero Einar Tamberskelver, Luis de León, el librero que engendró a Samuel Johnson, el jardinero de Voltaire, Darwin en la proa del Beagle, un judío en la cámara letal, con el tiempo, tú y yo.

Un solo hombre ha muerto en Ilión, en el Metauro, en Hastings, en Austerlitz, en Trafalgar, en Gettysburg.

Un solo hombre ha muerto en los hospitales, en barcos, en la ardua soledad, en la alcoba del hábito y del amor.

Un solo hombre ha mirado la vasta aurora.

Un solo hombre ha sentido en el paladar la frescura del agua, el sabor de las frutas y de la carne.

Hablo del único, del uno, del que siempre está solo.

Norman, Oklahoma.

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EL ORO DE LOS TIGRES

Hasta la hora del ocaso amarillo
cuántas veces habré mirado
al poderoso tigre de Bengala
ir y venir por el predestinado camino
detrás de los barrotes de hierro,
sin sospechar que eran su cárcel.
Después vendrían otros tigres,
el tigre de fuego de Blake;
después vendrían otros oros,
el metal amoroso que era Zeus,
el anillo que cada nueve noches
engendra nueve anillos y éstos, nueve,
y no hay un fin.
Con los años fueron dejándome
los otros hermosos colores
y ahora sólo me quedan
la vaga luz, la inextricable sombra
y el oro del principio.
Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
del mito y de la épica,
oh un oro más precioso, tu cabello
que ansían estas manos.

East Lansing, 1972.
——————————
[1] De El oro de los tigres, 1972.
En El oro de los tigres, Buenos Aires, Penguin Random House, 2018.

domingo, 18 de septiembre de 2022

CRÓNICA

Sábado, 10 de septiembre, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por ignatium


PIEDAD BONNETT
POESÍA REUNIDA [1]

LOS VIEJOS

En la quietud de los muelles al atardecer,
en infinitas habitaciones donde el sol es una serpiente clandestina,
en bancos que blanquean la noche de los parques,
duermen su eterno insomnio
buscando un rostro suyo que olvidaron,
tanteando el porvenir,
siempre a la espera.

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APELACIÓN

Muerte, vieja fisgona, solapada alcahueta,
descarada inquilina de cuerpos aún calientes,
militante secreta de la nada,
boca oscura que a todos nos devoras
y a todos nos trituras
y a todos nos escupes convertidos en polvo:
ya te estoy esperando,
ya vi tu ojo de sangre sonreírme
y me escupió tu rancio aliento el rostro.
Por ti este sol que hace nacer las sombras duele tanto
y el día se hace breve como un gesto;
hace ya muchos días que por dentro te llevo,
que por mi te derramas como un cáncer espeso.
Aquí estoy, dócil presa a tu avidez rendida:
arráncame los ojos con tu mano enlodada,
prívame de la herida de la tarde,
del oso embravecido que pinta aquella nube,
de la mancha escarlata del envés de esta hoja.
Devórame la piel,
niégame el humo
que al borde de la noche huele a infancia.
Rompe todas las cuerdas, destruye los violines,
gangrena las gargantas de los pájaros.
Destroza mi estructura hueso a hueso,
conviérteme en arena, en polvo, en nada,
pero déjame, virgen asesina,
la inocente ilusión de la palabra.

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TIEMPO

Cada vez más lejano lo lejano.
El hoy
es un colibrí trémulo en el aire
y el aire es la materia del mañana.
Ayer, ayer me estoy buscando y me extravío
por cuartos en penumbra y corredores
donde hace siesta el sol en los geranios.
Ayer estoy de vuelta y esculcando
en los rincones todos de mis días
a ver si estoy allí, qué cara tengo
sentada en la cocina, junto al fuego,
pero sólo me mira una niñita
comiéndose su pan. En el patio empedrado
el tiempo ha muerto antes de haber nacido.
El hoy
es un colibrí trémulo en el aire
y el aire es la materia del mañana.

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DE VIAJE

A María Mercedes Pérez

Es como si doliera la mirada perpleja de los viejos.
Como si nos turbaran sus gestos temblorosos al buscar la escalera,
sus caras de evadidos,
su aturdido aferrarse al pasamanos,
y el aire pesaroso con que arrastran
sus pies en la estación de pasajeros.

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BIOGRAFÍA DE UN HOMBRE CON MIEDO

Mi padre tuvo pronto miedo de haber nacido.
Pero pronto también
le recordaron los deberes de un hombre
y le enseñaron
a rezar, a ahorrar, a trabajar.
Así que pronto fue mi padre un hombre bueno.
(«Un hombre de verdad», diría mi abuelo).
No obstante,
—como un perro que gime, embozalado
y amarrado a su estaca— el miedo persistía
en el lugar más hondo de mi padre.
De mi padre,
que de niño tuvo los ojos tristes y de viejo
unas manos tan graves y tan limpias
como el silencio de las madrugadas.
Y siempre, siempre, un aire de hombre solo.
De tal modo que cuando yo nací me dio mi padre
todo lo que su corazón desorientado
sabía dar. Y entre ello se contaba
el regalo amoroso de su miedo.
Como un hombre de bien mi padre trabajó cada mañana,
sorteó cada noche y cuando pudo
se compró a cuotas la pequeña muerte
que siempre deseó.
La fue pagando rigurosamente,
sin sobresalto alguno, año tras año,
como un hombre de bien, el bueno de mi padre.

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OCURRE

Ocurre
que un día voy amando sin ton ni son a todos.
Al vendedor,
al ciego (le compro una estampita),
a la señora gorda, al químico y al sastre,
a todos voy amando con un amor sin bordes,
un amor de Dios manso y justo, si lo hubiera.
Pero también ocurre
que el alma, madrugada,
es como un nervio expuesto a una tenaza.
Y hay escalones falsos
y el amigo que amamos rehúye la mirada.
Caminamos sombríos
sabiendo que el mesero escupe en nuestro plato,
que el profesor calumnia a su colega
y la enfermera
maldice al desahuciado y le sonríe.
Y ocurre
que un día me conmueve la llaga del mendigo,
y extiendo mi sonrisa como un tapete nuevo
para que todos pisen
y se limpien el barro de los pies maltratados,
y la muchacha baile su vals de dos centavos,
y el cartero sacuda sus zapatos deformes.
Ocurre
que al despertarme recuerdo un amigo
que murió hace ya tiempo,
o veo llorar una mujer viajera
en el amanecer, ¡y es tan hermosa!
Y el amor se atropella, se amotina,
y voy amando a todos sin ton ni son, a todos.

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TAREAS DOMÉSTICAS

I

Con qué cuidado
y doméstico afán, entre el alba y la ducha,
meticulosamente aceitamos los goznes,
a los grilletes les damos brillo, nos aseguramos
que aprieten las cadenas —por si acaso—
que no hagan ruido
sus eslabones. (Se molesta el prójimo).
Con qué aire laborioso
sonreímos a la mañana urgente y caminamos.
——————————
[1] De Poesía reunida, Barcelona, Penguin Random House, 2016.

domingo, 4 de septiembre de 2022

CONVOCATORIA

Sábado, 10 de septiembre, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por Ronald Clayton


Que dice Ronnie que ya ha pasado el verano, y que entre pildorazo de rebujito, pegote de protector solar mal extendido por la paletilla y siesta con toda la baba circulando guayabera abajo, que se supone que la peña habrá tenido tiempo para embaularse un par de tiradas del Cantar de Mío Cid por lo menos. Y que va siendo hora de sacudirse la modorra cruzando armas en una pachanguita de fútbol de poetas, que igual nos llevamos una sorpresita y se presenta clamavi con ese pibón que siempre le acompaña; y que si no, que da igual, que las rondas las paga ignatium, que no marca goles pero le sobra la viruta. Y que si algún rarito va a alinear a Benjamín Prado, que puede hacerlo sin necesitad de borrar el nombre de la portada, que nos han concedido la ISO 9001 de pachanguitas paquete friendly, y tenemos moratoria contra expresiones pasivo-agresivas hasta las 21:30 horas. Y que el otro día un delantero del Leeds se le acercó en un córner recitando un sonetillo de Shakespeare, para ver si lo distraía, y que antes de que empezara el segundo cuarteto, ya se había tragado los dientes de un codazo, que está cansado de listos que intentan aprovecharse de que es un tipo sensible. Y que mandéis a tomar pol culo el jabulani, que los balones pa’ paisanos llevan cordón de toda la vida, que de la que peinas de cabeza te plantan una raya en el pelo que ni con escuadra y cartabón; y que la pelota la pone él, que si no, todo son sinestesias. Y que sainete o muerte.

domingo, 10 de julio de 2022

LUNA MIGUEL. NO ES UN CEMENTERIO DE ABRAZOS


NO ES UN CEMENTERIO DE ABRAZOS

No dudo entre dos hombres,
dudo entre cien.

Y dudo en
de
por
la palabra de los hombres.

Dudo solo de ti para que solo tú seas mi duda.

No dudo entre dos hombres.
Dudo del mundo.

No dudo de este miedo

¿los hombres?

mil
quizá
también
los rayos que se apagan,

saber perderte.
——————————
De La tumba del marinero, Córdoba, La bella Varsovia, 2013.

domingo, 3 de julio de 2022

KONSTANTINO KAVAFIS. ÍTACA


ÍTACA

Si vas a emprender el viaje a Ítaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones y a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.
——————————
De Poesías completas, Madrid, Hiperión, 2014.
(Trad. José María Álvarez)