jueves, 17 de septiembre de 2026

CONVOCATORIA

Sábado, 26 de septiembre, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por Anthony Guy Cascarino


Que dice Tony que si los ojos se les achinan a partir de las 19:00 horas, o sienten una molestia inconcreta en el pecho, como si les faltara aire, o que de repente, al doblar una esquina, dejan caer la mirada al suelo y reparan en el óxido de las tapas de la Empresa Municipal de Aguas, que entonces eso es que les falta vitamina B12 o que están atrapados en un vórtice de melancolía; y que para lo primero viene bien un pildorazo de Grand Marnier con Pepsicola ™, y que para lo segundo no hay nada como echar una pachanguita de fútbol de poetas, que ya llovió desde la última, y que en ese tiempo Alonso de Ercilla pudo componer treinta octavas de la Araucana, liquidar cien indios mapuches y engendrar docena y media de bastardos, que se nos está yendo la vida como el agua de un cesto y no somos conscientes. Y que además viene ignatium que no termina de salir del armario pero lo compensa pagando cervezas como si no hubiera un mañana, y que la última tibia rota por entrada de chesire que ya tiene que estar soldada. Y que si alguien va a va a alinear a Benjamín Prado, que puede acompañar su librillo con un fanal y colgárselo de la nariz, que a esas horas de la tarde ya apenas hay luz y que toda ayuda es poca. Y que se caga en los muertos más frescos de quienes dicen que no es un irlandés de pata negra, que puede recitar de memoria los tres primeros capítulos del Ulises de Joyce en latín mientras remueve la espuma de una pinta de Guinness con la punta del nardo… y sin sacarla de la lata… la cerveza. Y qué bonitos los campos, qué bonitas las vacas que pastan en las llanuras de Innisfree mientras el humo del tren difumina la línea del horizonte, y qué verde era mi valle y qué rico este peta… Y que bómbiala al área que va de cabeza con todo. Y que sainete o muerte.

domingo, 17 de mayo de 2026

CONVOCATORIA

Sábado, 6 de junio, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por Neville Southhall


Que dice Nev que ya estuvo bien de andar testando la consistencia de las pelusillas ombligueras, que no me seáis quejicas, que quien más quien menos ha tenido margen para exhumar en los posos de espuma cervecera algún trímetro yámbico perdido desde tiempos de la biblioteca de Alejandría, y que es momento de sacudirse esa modorra con una pachanguita de fútbol de poetas, que llega el verano, y que estar de miranda viendo cómo se desangra el solete en el muelle de Poniente, con toda la peña cociéndose el cogote tiene su punto, que ignatium paga las rondas, y que si chesire pega alguna patada, pues que te aguantas y ya, que más desagradable es que suene el despertador los lunes. Y que si alguien va a alinear a Benjamín Prado, que allá él, ella, elle… que no piensa hacerse mala sangre a menos que le metan esa alquitara que tiene por nariz en el ojo. Y que el otro día estaba en el pub, y le vino un parroquiano con la cantinela de que jarra y barra eran una paronomasia cojonuda, y que sí, tío, que sí, que también rinde bien la figura como calambur, y que de repente, le entraron ganas de una racionina de calamares, que tenía un agujero en el estómago de la polla, que él no está así de un susto, y que, chaval, ponme otra pinta de Guinness, que tengo miedo de que la tinta me seque el gañote, y que va el parroquiano y le espeta que tinta y pinta son otra paronomasia mejor que la primera. Y que siempre es mejor estar rodeado de frikis ocurrentes que de resentidos que te espetan que no estás pa’ jugar y que no tienen ni puta idea. Y que sainete o muerte.

lunes, 4 de mayo de 2026

FEDERICO GARCÍA LORCA. LA AURORA


LA AURORA

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
——————————
De Poeta en Nueva York, 1940.
En Clásicos españoles, Madrid, El País, 2005.

martes, 26 de agosto de 2025

CONVOCATORIA

Sábado, 6 de septiembre, 19:00 horas.
El Maracanã de trapo, Camín del Riche s/n, San Miguel de Arroes, Villaviciosa.

Por Arthur Antunes Coimbra


Que dice Zico que estaba muy emocionado porque se encontraron en Siria unas tablillas de arcilla de la época de Uruk. Y que donde pensaba que iban a ser dos tiradas del segundo cantar del poema de Gilgamesh, que resultaron unas facturas en las que una tal Ishtar le reclamaba a un tal Ashurbanipal diez shekeles de trigo a cuenta de no sé qué que le había hecho con la boca entre las piernas, que coño con el oficio más antiguo del mundo. Y que para quitarse tremenda bajonera que se le ha ocurrido que podría intentarse una pachanguita de fútbol de poetas, que como sucedáneo de las aventuras de Enkidu es un completo full, pero que suele aparecer ignatium con una rondilla de cervezas y que la cosa se anima. Y que si alguien va a alinear a Benjamín Prado, que vale, que ya no hay polen en el ambiente, que con semejante napia las primaveras son temibles pero las previas del otoño menos. Y que lo vamos a intentar en modo campestre, que vale que se traicione el jogo bonito dándole de patadas hasta a Homero, pero que con una sardina a la plancha en la mano seguro que se le ablanda el corazón hasta a chesire, que es como tener una pluma de plata derritiéndose entre los dedos. Y que cuando uno se ha metido varios pildorazos de omega-3 pal llombu que uno se cree el mismo Poseidón, y cabalga a lomos de las sinalefas tridente en mano que no se acuerda de cuando palmaron en Sarriá, o que sí pero duele menos. Y que sainete o muerte.

domingo, 17 de septiembre de 2023

CRÓNICA

Sábado, 26 de agosto, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por clamavi


ANTONIO CABRERA
CON EL AIRE [1]

ANTE EL OTOÑO

De la luz del otoño
extraigo alguna consecuencia,
un cimiento menor para estas convicciones:
que la vida es más lenta de lo que suponemos,
que su afamado brillo
nos impone la espera de lo bello inmutable
(y es acaso un error, quizá una burla),
que las tardes contienen una fracción de hiel,
que donde haya renuncia habrá milagro…
Cosas que ya sabía.
En la luz del otoño me ha parecido verlas.

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MEDIA TARDE DESDE EL TREN

Si dejo de leer y levanto la vista
—ahora que el sol de media tarde
ha adquirido su grado de declive más puro—
me sorprende un paisaje
sin negación ni ansia,
                                            una tela
donde cada color se atiene al orden
que lo real instaura
con limpidez y conseguido anhelo:

las arboledas lucen la oscuridad que acogen;
el amarillo hiere en margaritas densas;
el verde juvenil del cereal confía,
insiste aún, porque no sabe nada;
y ven las amapolas, desde su frágil furia,
un azul más altivo en el cielo de siempre.

Mientras se sigue desplegando
en sucesivo don igual el mundo quieto,
retorno a la lectura,
                                            y una red
me enmaraña con hilo imprecisable,
como malla de sombra
que al aturdirme me escondiese
entre la hondura hostil de las palabras.

En el callar de afuera hay un decir más claro,
y un espejo extendido
donde está quien contempla.
Fluyen ambos en la hora declinante,
en las dulzura máxima,
                                            caudal,
río de precisión
que voy perdiendo mientras leo.

Ya abandono la letra desabrida:
quiero verlo pasar
y aparecer indemne.
Me transporta, me explica
en su hondo curso esclarecido,
donde se escribe
la línea impronunciable de lo que no se oculta.

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AMOR FATI

El crepitar
de unas ramas de olivo
que se queman sin prisa tras la poda,
el ímpetu del pájaro en el cielo,
su timidez en el arbusto, el áspero
zarzal y la humareda
me están pidiendo
una confirmación, su debido registro
entre lo que sucede.
                                            Necesitan
el sí callado que he de darles
para poder hacer en su existencia
un hueco a mi existencia muda.
Comprendo que se trata
—como en el lazo entre la flor y el día—
de un destino recíproco,
de un mutuo ser en lo que es, sin más.
(Ninguna plenitud,
tampoco, aún, ninguna pérdida.)

Acepto estar aquí, y estar mirando
estas cosas sin cifra.
Acepto, juzgo, doy
al aire
el mismo aire
que me sustenta a mí.

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IDEA

He anotado esta idea: El silencio no existe.

La he descubierto en mí mientras miraba
unas fotografías
que alguien tomó en un paisaje nórdico.
Podía ver en ellas la rara condición
de una llanura en soledad,
y en soledad también un poste ensimismado
y un asfalto remoto.
Bajo la luz raptada, parecía
que estuvieran presentes en su abandono estricto,
en el légamo claro de cuando nadie mira.

El silencio no existe.

¿Cómo podría haberlo
si todo tiene vibración y luce
y restalla por dentro más allá
de su apariencia muda?
En donde estemos ¿no escuchamos siempre
un murmullo o su pálpito?

El silencio no existe.

(Noto cómo la idea extrae de mí
las líneas de un sentido,
y busca su espesor, y al mismo tiempo
apunta al blanco en sombra
donde está su verdad.)

Quizá silencio es sólo un nombre,
un nombre acostumbrado aunque inexacto,
una palabra errónea que habla, en realidad,
del sonido terrestre
que está perdido
en un espacio ajeno y despoblado
donde nadie lo escucha.

El silencio no existe.

(La idea
ya es un dardo que está cruzando el aire.
Su vuelo es pensamiento.
Mis palabras lo empujan y lo frenan.)

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ALBADA, II

Cada mañana,
tomo una carretera orientada a levante
en el momento justo en que permite el sol
que mis ojos presencien su continua victoria.

Puedo ver cómo actúa la física del alba,
la inercia de tensión y de destino
que hace tan lento y tan veloz al mundo.

El sol esconde, en su despliegue simple
de líneas verticales y horizontales ondas,
en su vieja parábola, la ley
por cuya obligación
todo amanece envuelto en un cristal gastado
que suma eternidad a su promesa eterna.

En la primera curva,
cuando le doy la espalda al sol,
encaro el tiempo en cuyo seno vivo.
Y ya no ven mis ojos otra luz
que el claroscuro de mi nombre
urdiéndose en la trama de las horas.

Es el pálido fuego, la vela que me alumbra,

la que se ha de apagar aun cuando el día,
con seguro engranaje,
traiga otra vez la gigantesca,
la desmentida luz que no se habita.
——————————
[1] De Con el aire, Madrid, Visor, 2004.

domingo, 10 de septiembre de 2023

CRÓNICA

Sábado, 26 de agosto, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por ignatium


BENITO PASCUAL
LUCES BUSCAN SOMBRAS [1]

LA LUZ HACE VISIBLE el mundo,
pero desconoce su interior.
Cerramos los ojos con la intención de verlo
y nos alejamos de él.
Sin embargo, estamos condenados a entendernos
en este oscuro tiempo que a ambos nos ha tocado vivir.
Ejercicio inútil este de abrir y cerrar los ojos,
esta intermitencia incesante que es vivir,
ese ir y venir que nos deja siempre exhaustos,
en el mismo lugar donde estábamos.

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A ÚLTIMA HORA de la tarde,
con la mente en punto muerto
y la mirada puesta en un lugar indefinido
del horizonte.
Quisiera saber adónde irá a parar la luz,
a qué lugar a descansar,
a qué refugio.
O, si por el contrario, se desvestirá de nuevo
y se pondrá los lúgubres ropajes
de la noche,
abrazará prostitutas y dementes,
solitarios e insomnes,
los abrigará una vez más,
antes de que venga el día a apagar sus brillos.

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¿QUÉ QUIERE decir?
¿De qué está hecha?
¿Por qué llega con tanta insistencia en cada amanecer,
siempre tan puntual, llamando a la puerta, a la ventana,
y me recuerda que ya es de día?
¿Por qué hace que mis pupilas se dilaten tanto
y alcance el asombro con solo fijar la mirada?
La luz hace existir las cosas,
el mundo en que vive,
cualquier principio, cualquier final.

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SALEN DE SUS REFUGIOS los noctámbulos,
se estrellan contra los neones,
contra la noche misma.
Las estrellas suicidas escriben en el cielo sucio una necrológica,
advierten que fueron cadáver una vez
y su polvo estelar viajó por todo el universo
hasta llegar aquí,
y ahora.

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TODO EL FULGOR puede contener un parpadeo,
así es toda la felicidad que la vida me concede
de vez en cuando,
la parte correspondiente de este botín,
la dosis exacta que me permite continuar viviendo
con cierta dignidad
y demorar la noche y sus sombras.
——————————
[1] De Luces buscan sombras, Gijón, Gravitaciones, 2021.

domingo, 3 de septiembre de 2023

CRÓNICA

Sábado, 26 de agosto, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por gaius


JOSÉ ÁNGEL VALENTE
FRAGMENTOS DE UN LIBRO FUTURO [1]

SUPO,
después de mucho tiempo en la espera metódica
de quien aguarda un día
el seco golpe del azar,
que sólo en su omisión o en su vacío
el último fragmento llegaría a existir.

(Raíz de Fragmentos de un libro futuro.
Fragmento XXXVII de Treinta y siete
fragmentos)

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DE ti no queda más
que estos fragmentos rotos.

Que alguien los recoja con amor, te deseo,
los tenga junto a sí y no los deje
totalmente morir esta noche
de voraces sombras, donde tú ya indefenso
todavía palpitas.

(Proyecto de epitafio)

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SE llena de veces el mundo de tristeza.
Los armarios de luna con la imagen de un niño
navegan en la noche.
                                            El viento llora
como animal herido,
solo bajo las nubes.
Los blancos lirios de la primavera
nadie podría ahora recordarlos.
                                                       Baja
tumultuoso el río
opaco de las sombras.

Piedras. Norte. Estalla
lejos la luz, muy lejos.

Andemos todavía.

(Días de invierno de 1993)

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La soledad se puebla de fantasmas de papel y de paja, de retratos de nadie, de láminas metálicas, de páginas desnudas donde nada está escrito. El frío arrasa la memoria y ya empezamos a no ser, el frío que desciende del lado más aciago de la noche donde se inicia la consumación. Y no podemos recordar a quién habíamos amado. Pregunto: —¿dónde estás? Pero ni siquiera yo mismo sabría quién puede responder. Llamo a todas las puertas. La única que se abre es la sola que no conoce el perdón.

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La memoria nos abre luminosos
corredores de sombra.

Bajamos lentos por su lenta luz
hasta la entraña de la noche.

El rayo de tiniebla.

Descendí hasta su centro,
puse mi planta en un lugar en donde
penetrar no se puede
si se quiere el retorno.

Se oye tan sólo una infinita escucha.

Bajé desde mí mismo
hasta tu centro, dios, hasta tu rostro
que nadie puede ver y sólo
en esta cegadora, en esta oscura
explosión de la luz se manifiesta.
——————————
[1] De Fragmentos de un libro futuro, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2000.