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domingo, 12 de marzo de 2023

CONVOCATORIA

Sábado, 25 de marzo, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por Lev Ivánovich Yashin


Que dice la Araña negra que ahora que se han estirado las tardes, nadie vendrá alegando que no se ven las estrofas y que hay que pintar los márgenes del libro de fucsia interseccional con cascabeles para jugar, que ya estuvo bien de la tontería. Y que hay que superar semejante resopón echando una pachanguita de fútbol de poetas, que en los meses de recogimiento invernal ha habido tiempo de sobra para preparar alguna de esas estrategias que sobre el papel parecen invencibles, y que no tardan tres versos en irse al tacho cuando las agarra chesire. Y que si alguien va a alinear a Benjamín Prado, que no es el mejor momento, que empieza a pulular polen por el ambiente, y que con esa narizota está llamado a sufrir algún ataque de rinitis aliterativa que puede traducir sus versos al euskara sin quererlo, que es un lío pero ustedes verán. Y que el otro día, cuando volvía en bicicleta a la ciudad desde la dacha que tiene en las afueras, se paró un momento en el arcén para conectar la dinamo de la luz en la rueda delantera, y que por un momento se acordó de los tiempos en que defendía el arco del Dinamo de Moscú y era un gigante salido del barro. Y que hay que joderse con la polisemia y las asociaciones de ideas, que una lágrima rodó por su mejilla, y que él, que lo había parado todo, no la pudo parar y que se coló por una rendija en la comisura izquierda de sus labios. Y que sainete o muerte.

miércoles, 25 de marzo de 2009

MARGUERITE YOURCENAR. FUEGOS


FUEGOS

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra. Leda decía: “Ya no soy libre para suicidarme desde que me he comprado un cisne”.

La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen, pero pocos hombres mueren.

No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.

Que no se acuse a nadie de mi vida.

No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.

Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.

En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.
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De Grandes goles de todos los tiempos.

martes, 14 de noviembre de 2006

WILLIAM BUTLER YEATS. COME LET US MOCK AT THE GREAT


COME LET US MOCK AT THE GREAT

Come let us mock at the great
that had such burdens on the mind
and toiled so hard and late
to leave some monument behind,
not trhought of the levelling wind.

Come let us mock at the wise;
with all those calendars whereon
they fixed old aching eyes,
they never saw how season run,
and now but gape at the sun.

Come let us mock at the good
that fancied goodness might be gay,
and sick of solitude
might proclaim a holiday:
wind shrieked - and where are they?

Mock mockers after that
thar would not lift a hand maybe
to help good, wise or great
to bar that foul storm out, for we
traffic in mockery.
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From The tower, 1928.

֍            ֍            ֍

VAMOS A REÍRNOS DE LOS GRANDES

Ven, vamos a reírnos de los grandes
que tanto peso alzaban en la mente
y trabajaron duro hasta tan tarde
para dejar detrás un monumento,
nunca pensaron en el viento arrasador.

Ven, vamos a reírnos de los sabios;
con todo su montón de calendarios
sobre los que fijar dolidos ojos,
nunca vieron correr las estaciones,
y ahora miran boquiabiertos hacia el sol.

Ven, vamos a reírnos de los buenos
que imaginaron que era hermosa la verdad,
y enfermos ya de soledad
podrían declarar un día festivo:
se oyó silbar el viento, y ¿dónde están?

Riámonos de quien ríe luego
y no levantaría un solo dedo
para ayudar al bueno, al sabio, al grande
a desterrar el vendaval, pues somos
los que trafican con la risa.
——————————
De La torre, 1928.
(Trad. Carlos Jiménez Arribas)

domingo, 5 de febrero de 2006

MARGUERITE YOURCENAR. OPUS NIGRUM


OPUS NIGRUM

Se había destacado en Cerisoles, defendiendo unos cuantos inseguros fortines milaneses, mostrando en ello tanta genialidad —tal se complacía en decir— como el difunto César al imponerse como dueño del mundo. Blaise de Montluc agradecía sus bromas, que daban ánimo a los hombres. Su vida había transcurrido sirviendo alternativamente al Rey Cristianísimo y al Rey Católico, pero la alegría francesa concordaba más con su buen humor. Era poeta y excusaba la mediocridad de sus rimas con las preocupaciones de las campañas; también era capitán y explicaba sus errores de táctica por su afición a la poesía que le excitaba el cerebro; por lo demás todos le estimaban, en uno y otro oficio, cuya convivencia no aporta la fortuna. Sus vagabundeos por la Península lo había desengañado de la Ausonia de sus sueños. Había aprendido a desconfiar de las cortesanas romanas, tras haberles pagado su salario, y a escoger con discernimiento los melones en los puestos del Trastevere, arrojando descuidadamente al Tíber sus verdes cortezas. No ignoraba que el cardenal Maurizio Caraffa lo consideraba sólo un soldado espabilado, a quien, en tiempos de paz, se da la limosna de un puesto mal pagado de capitán de guardias; su amante, Vanina, en Nápoles, le había sacado una buena cantidad por un hijo que tal vez no fuera suyo; poco importaba. Madame Renée de France, cuyo palacio era el hospital de los desheredados, le hubiera ofrecido de buen grado una sinecura en su Ducado de Ferrara; pero acogía allí a cualquier andrajoso que se presentaba, con tal de que se embriagasen en su compañía con el vinillo agrio de los Salmos. El capitán no quería tener nada que ver con aquella gente. Convivía cada día más con la soldadesca y, como ella, volvía a ponerse cada mañana la casaca remendada con el mismo placer con que tropezamos con un viejo amigo, confesando alegremente que no se lavaba más que cuando llovía y repartiendo con su pandilla de aventureros picardos, mercenarios albaneses y proscritos florentinos, el tocino rancio, la paja enmohecida y las caricias del perro canelo que seguía a la tropa. No obstante, su vida ruda no se hallaba desprovista de deleites. Le quedaba el amor por los bellos nombres antiguos que en cualquier pared de Italia ponen el polvo de oro o el jirón de púrpura de un gran recuerdo, el placer de deambular por las calle, tan pronto a la sombra como al sol, de interpelar en toscano a una hermosa muchacha en espera de un beso o de un torrente de injurias, de beber en las fuentes sacudiendo las gotitas de sus gruesos dedos sobre el polvo de las losas, así como el de descifrar con el rabillo del ojo un trozo de inscripción latina, mientras meaba despreocupadamente sobre un mojón.
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De Opus Nigrum, 1968.
(Trad. Emma Calatayud)

sábado, 31 de diciembre de 2005

MARGUERITE YOURCENAR. MEMORIAS DE ADRIANO


MEMORIAS DE ADRIANO

Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver... Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos...
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De Memorias de Adriano, 1951.