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miércoles, 17 de septiembre de 2008

jueves, 27 de julio de 2006

TOM WAITS. FRANK'S WILD YEARS


FRANK'S WILD YEARS

Well Frank settled down in the Valley,
and he hung his wild years
on a nail that he drove through
his wife's forehead
he sold used office furniture
out there on San Fernando road
and assumed a $30,000 loan
at 15 1/4% and put a down payment
on a little two bedroom place
his wife was a spent piece of used jet trash
made good bloody-marys
kept her mouth shut most of the time
had a little chihuahua named carlos
that had some kind of skin disease
and was totally blind. They had a
thoroughly modern kitchen
self-cleaning oven (the whole bit)
Frank drove a little sedan
they were so happy

One night Frank was on his way home
from work, stopped at the liquor store,
Picked up a couple Mickey's Big Mouth's.
Drank 'em in the car on his way
to the Shell station, he got a gallon of
gas in a can, drove home, doused
everything in the house, torched it,
parked across the street, laughing,
watching it burn, all Halloween
orange and chimney red.
Frank put on a top forty station
got on the Hollywood Freeway
headed north.

Never could stand that dog.
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From Swordfishtrombones, 1983.

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LA CHICANA. LOS AÑOS DE JODA DE ANÍBAL


LOS AÑOS DE JODA DE ANÍBAL

Aníbal se instaló en Colegiales
y colgó sus años de joda de un clavo
que atravesó en la frente de su esposa.
Vendía muebles usados de oficina
sobre Juan B. Justo y consiguió un crédito
de 30.000 dólares al 14,2 % de interés anual
para un coqueto dos ambientes.
Su mujer
era una azafata veterana en decadencia,
hacía buenos Daikiris
mantenía la boca cerrada casi todo el tiempo
y tenía un chihuahua llamado Johnatan
que sufría una especie de sarna y
era totalmente ciego.
Tenían una moderna cocina,
horno autolimpiante, toda la bola.
Aníbal manejaba un Duna 92.
Eran tan felices!

Una noche Aníbal paró en la YPF a la vuelta del trabajo
metió cuatro litros de nafta en un bidón
y un tubo de Fernet que se tomó en el coche.
Fue a su casa, empapó todo bien
y le prendió fuego.
Se sentó en el auto cagándose de risa mirándola arder,
rojo Independiente y naranja Sai Baba.
Despues Aníbal puso una FM hitera
y agarró la Panamericana rumbo al Norte.

Nunca había aguantado a ese perro.
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De Un Giro Extraño, 2002.
(Versión de Acho Estol)

lunes, 6 de marzo de 2006

RAYMOND CHANDLER. EL LARGO ADIÓS


EL LARGO ADIÓS

Hay rubias y rubias y a estas alturas esa palabra es casi un chiste. Todas las rubias tienen sus puntos positivos, excepto quizá las rubias metálicas que son, debajo del tinte, tan rubias como un zulú y que, en cuanto a carácter, son tan rubias como una acera. Está la rubia pequeña y graciosa que pía y gorjea, y la rubia grande y escultural que te para los pies con el hielo azul de su mirada. Está la rubia que te obsequia con miradas reverenciales de cuerpo entero, huele maravillosamente, se te cuelga del brazo y siempre está pero que muy cansada cuando la llevas a casa. Hace ese conocido gesto de indefensión y tiene esa condenada jaqueca y te gustaría darle un mamporro si no fuera porque te alegras de haber sabido lo de la jaqueca antes de invertir demasiado tiempo, dinero y esperanzas en ella. Porque la jaqueca resulta ser permanente, un arma que nunca pierde eficacia y es tan mortal como el estoque del espadachín o el frasquito de veneno de Lucrecia Borgia.

Luego está la rubia suave y complaciente y alcohólica a quien le tiene sin cuidado lo que lleva puesto con tal de que sea visón o adónde va con tal de que se trate del club nocturno más denier cri y no falte champán seco. O la rubia pequeñita y animada que es un poquito pálida e insiste en pagar lo suyo y está siempre de buen humor y es un prodigio de sentido común y sabe judo de pe a pa y es capaz de lanzar a un camionero por encima del hombro sin saltarse más de una frase del editorial de la Saturday Review. Y la rubia pálida, muy pálida, con algún tipo de anemia que no es mortal pero sí incurable. Muy lánguida y enigmática y habla con una voz muy dulce y sin origen conocido y no le puedes poner un dedo encima porque en primer lugar no te apetece y en segundo lugar está leyendo La Tierra Baldía o Dante en el original, o Kafka o Kierdegaard o estudia provenzal. Es una apasionada de la música y cuando la Filarmónica de Nueva York toca a Hindemith sabe decirte cuál de las seis violas ha entrado un cuarto de compás tarde. Creo que Toscanini también. Ya son dos.

Y finalmente está la espléndida joya que sobrevive a tres jefes de la mafia y luego se casa con un par de ricachones a millón por cabeza y termina con una villa de color rosa pálido en Cap d'Antibes, un alfa romeo con piloto y copiloto, y una cuadra de gastados aristócratas a los que trata con la distraída condescendencia con que un duque ya entrado en años da las buenas noches al mayordomo.
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De El Largo Adiós, 1953.
(Trad. José Luis López Muñoz)

miércoles, 9 de noviembre de 2005

GILBERT KEITH CHESTERTON. SOBRE POETAS CON DEMASIADA CULTURA


SOBRE POETAS CON DEMASIADA CULTURA

Pero ese poeta no era inhumano. Era ignorante como casi todos los hombres con cultura. Lo que choca en ellos es que siempre quieren ser sencillos y jamás despejan una sola complicación. Si les toca escoger entre el bistec y los pepinillos, verás que suprimen el bistec y se quedan con los pepinillos. Si les toca elegir entre un prado y un auto, sacrifican el prado. ¿Sabes por qué? No sacrifican más que lo que les une a los demás hombres. Ve a comer con un millonario que pertenezca a una liga prohibicionista y no verás nunca que haya suprimido los entremeses ni los cinco entrantes, ni siquiera el café. Pero habrá suprimido el oporto o el jerez, porque los pobres lo beben como los ricos. Sigue observando y verás que no suprime los cubiertos de plata, pero en cambio ha suprimido la carne porque a los pobres les gusta... ¡cuando pueden hincarle el diente! Luego verás que no ha abolido los jardines lujosos ni las mansiones suntuosas. ¿Por qué? Porque son cosas vedadas a los pobres. Pero presumirá de levantarse temprano, porque el sueño es un bien que está al alcance de todas las fortunas. Es prácticamente lo único que todo el mundo puede disfrutar. Pero nadie oyó decir que un filántropo renuncie a la gasolina, a su máquina de escribir o a sus criados. ¡Ni loco! Sólo se priva de las cosas simples y universales. Renunciará a la cerveza, a la carne o al sueño... porque esos placeres le recuerdan que no es más que un hombre.
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De La Taberna Errante, 1914.
(Trad. Santiago Alba Rico)