domingo, 17 de mayo de 2026

CONVOCATORIA

Sábado, 6 de junio, 20:00 horas.
El Cantábrico, C/Muelle de Oriente 4, Gijón.

Por Neville Southhall


Que dice Nev que ya estuvo bien de andar testando la consistencia de las pelusillas ombligueras, que no me seáis quejicas, que quien más quien menos ha tenido margen para exhumar en los posos de espuma cervecera algún trímetro yámbico perdido desde tiempos de la biblioteca de Alejandría, y que es momento de sacudirse esa modorra con una pachanguita de fútbol de poetas, que llega el verano, y que estar de miranda viendo cómo se desangra el solete en el muelle de Poniente, con toda la peña cociéndose el cogote tiene su punto, que ignatium paga las rondas, y que si chesire pega alguna patada, pues que te aguantas y ya, que más desagradable es que suene el despertador los lunes. Y que si alguien va a alinear a Benjamín Prado, que allá él, ella, elle… que no piensa hacerse mala sangre a menos que le metan esa alquitara que tiene por nariz en el ojo. Y que el otro día estaba en el pub, y le vino un parroquiano con la cantinela de que jarra y barra eran una paronomasia cojonuda, y que sí, tío, que sí, que también rinde bien la figura como calambur, y que de repente, le entraron ganas de una racionina de calamares, que tenía un agujero en el estómago de la polla, que él no está así de un susto, y que, chaval, ponme otra pinta de Guinness, que tengo miedo de que la tinta me seque el gañote, y que va el parroquiano y le espeta que tinta y pinta son otra paronomasia mejor que la primera. Y que siempre es mejor estar rodeado de frikis ocurrentes que de resentidos que te espetan que no estás pa’ jugar y que no tienen ni puta idea. Y que sainete o muerte.

lunes, 4 de mayo de 2026

FEDERICO GARCÍA LORCA. LA AURORA


LA AURORA

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
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De Poeta en Nueva York, 1940.
En Clásicos españoles, Madrid, El País, 2005.