martes, octubre 03, 2006

LEOPOLDO MARÍA PANERO. A AQUELLA MUJER QUE QUISE TANTO

Veías cómo día a día te frotaba
los muslos con la pesadilla,
y al terror escarbar en los dominios del sexo
y nada me decías.

Veías en mis ojos escenas de otros tiempos
secuencias de casas quemadas y rumor de linchamiento
y tocabas con asco las escamas
y no decías nada.

Y me lavabas con el trapo el culo:
todo lo que quedaba,
y decías que era el viento cuando fuera gritaban
los perros otra vez mi muerte:
y me hablabas del viento porque nada quedaba.

Fingías no verme cuando a solas te pedía
la muerte que me era debida,
y cuando insistía en que era
la habitación una capilla ardiente
para quemar los días como cigarros o velas,
honra póstuma a lo que en mi cuerpo había:
decías que era el viento.

Besabas con el oro
blando de tu paciencia la corona
grotesca de mi locura,
y dejabas que amaneciera y luego
oscureciera en la ventana cerrada:
decías que era el tiempo.

Decías que era yo cuando espectros creía
ver en tu cabeza, y en tu
corazón la danza nocturna
y cuando te pegaba e insultaba
blasfemando contra lo más tierno
y no sabía que me amabas.

Y así vivir es sólo mendigar a tus puertas
y esperar a tus pies, y soñar tu mirada en el limbo
cruel de las paredes de este cuarto,
aun cuando también podría
decir que acepto la vida
por respeto a ti que tienes piedad de ella
y yo no sé si hay, y no quisiera
creer que la hubo en algún día extraño,
y yo no sé si hay.

Yo no sé si hay, y qué es esto que brota
parecido al pus por las paredes, y qué estos libros
viejos como mi vida, testigos de secretos
absurdos y grotescos que ya a nadie interesan,
ridículos como mi vida y más cómicos
aún que mi figura.

Yo no sé si hay vida,
o si aquí queda alguna, y
si no es blasfemia esto, si no es pecar vivirlo
si merece su ser esta soledad de lepra
y maldición que nombran sólo
los otros por su huida, y con risas y orgías
en torno a este cadáver frágil, aire sólo,
y celebran mi ruina y orinan encima, por las noches
de esta tumba inmensamente humillada.

Yo no sé cómo puede ser tan inmensa mi muerte,
ni cuál es el misterio que hace pasar los días
ni lo que tiene en pie el muñeco que anda
ya torcidos los hilos y sin saber ya nada
ni por qué he escrito esto, ni si hay algo escrito
si no están las letras en la acera borradas,
de toda la cultura.

Yo no sé qué es la luz
misteriosa y cruel que aparece a esta hora
eternamente inmóvil de una absurda mañana
yo no sé pero sé que hay cerca de mí una hermana
único ser que existe aún después de la nada:

Y esa lengua que lame
día tras día las llagas que hay por nada
y el dolor sin dolor, como una sombra vana,
como dolor de muelas o carie en una cama,
esa lengua incansable que acaricia la lepra
esa que ama a los muertos sea quizás, hoy, que
por fin nada
queda ya escrito,
sobre un papel fantasma el único poema.

De Last River Together, 1980.

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