jueves, 27 de noviembre de 2008

LAURA CASIELLES. SOLDADO QUE HUYE


Laura, contemporánea y casi goleadora en una ocasión en el Fútbol de Poetas, presenta mañana su libro Soldado que huye en Oviedo (¿por qué no Gijón, amiga?¿por qué no en Gijón? Enhorabuena a Laura y enhorabuena a Hesperya. Os leemos:

"Cada vez que decido quedarme
ocurren
una tormenta un despropósito un olvido
un desamor; y vuelvo
a estar en los andenes de otra parte
con las maletas llenas
de ceniza"

(Como regalo de este blog, si se puede considerar regalo, invitación a formar parte de esta madriguera de tipos raros...bienvenida).

martes, 18 de noviembre de 2008

JUAN LUIS PANERO. UN ÊTRANGER

Produce cierta melancolía,
una tristeza decadente -literaria sin duda-
como algunas canciones de entreguerras
o páginas perdidas de Drieu La Rochelle,
ver a un hombre solo, apartado y distante,
en la barra de un bar con decorado internacional.
En esa imprecisa edad, tan imprecisa como la luz del ambiente,
en que ya no es joven ni viejo todavía
pero lleva en sus ojos marcada su derrota
cuando con estudiado gesto enciende un cigarrillo.
Las muchas canas y las muchas camas,
un indudable estómago que la camisa inglesa apenas disimula,
el temblor, no demasiado visible, de su mano en un vaso,
son parte del naufragio, resaca de la vida.
Un hombre que espera ¿quién sabe qué?
y aspirando el humo, mira con declarada indiferencia
las botellas enfrente, los rostros que un espejo refleja,
todo con la especial irrealidad de una fotografía.
y es aún, algo más triste, un hondo suspiro reprimido,
ver al fondo del vaso -caleidoscopio mágico-
que ese hombre eres tú irremediablemente.
No queda entonces sino una sonrisa: escéptica y lejana,
-aprendida muy pronto y útil años después-
de un largo trago acabar la bebida,
pagar la cuenta mientras pides un taxi
y decirte adiós con palabras banales.

De Antes que llegue la noche, 1985.

sábado, 8 de noviembre de 2008

ROBERTO JUARROZ. ALGÚN DÍA ENCONTRARÉ UNA PALABRA

Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se detendrá ni cuando mueras