miércoles, julio 04, 2007

CARLOS CAMBA. CÍRCULOS

Es así, vivir en círculos cerrados, moverse en círculos cerrados, formar parte de círculos cerrados. La vida aquí es así, un perímetro que se te ciñe al cuello y te asfixia, aunque de forma suave y cálida. Lo puedes sentir, y respirar. Ese olor tan familiar, esos caminos frecuentados donde hasta las paredes dicen hola. No es patético, ni trágico, pero lima tus fuerzas hasta el límite. Ella me eligió a mí, eso no se puede negar porque siempre es así. Si digo que fui engañado mentiría, porque uno bebe de lo que quiere beber. Ni los años, ni otras estúpidas consideraciones, fueron impedimento suficiente. Ella me eligió, yo lo acepté, y así sucedió. Y lo hermoso sucedió a lo fortuito, así como desplazó al vacío y el dolor. Con el día empezado, el sol reflejándose en el río, caminando desde el puente de piedra por la ribera, pensaba en eso. Nadie es desconocido aquí. Ella lo fue, ahora ya no, y ahora ya sé que parte de su línea de sangre son viejos conocidos míos. Jamás escapas de los círculos aquí, donde tan sólo la calma del agua que discurre en una mañana tranquila te da la perspicacia suficiente como para saber el secreto que albergan estas calles: que son círculos que ahogan, pero también abrigan; que rozan, pero también acarician; que paralizan, pero también dan paz. Y, mirando sus ojos, descubrí que, al final, los únicos círculos que importan son los que rodean ese negro, y que, en mi interior, siempre quedará un círculo abierto. El que jamás deberíamos cerrar.

Relato ganador del primer concurso de Microrelatos Expediciones.

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