sábado, 7 de julio de 2007

JOSÉ DE ESPRONCEDA. LA CANCIÓN DEL PIRATA

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

7 comentarios:

sanders dijo...

siempre sostuve que este poema era un golazo...

chesire dijo...

Para que conste en acta, la idea de ponerlo aquí hay que anotarla en el debe del buen Paperman y su, digamos, "discapacidad tecnológica".

Ignatium Regis dijo...

Me gusta mucho más "La Desesperacion":

Me gusta ver el cielo, con negros nubarrones, y oir los vientos, horrisonos bramar;
me gusta ver la noche, sin luna y sin estrellas, y solo con centellas, la tierra iluminar.
Me agrada un cementerio, de muertos bien relleno, manando sangre y lodo, que impida el respirar; y alli un sepultero de tetrica mirada, con mano despiadad, los craneos machacar.
Me alegra ver la bomba, caer mansa del cielo, e inmovil en el suelo, sin mecha al parecer; y luego embravecida, que estalla y se agita, y rayos mil vomita, y muertos por doquier.
Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y el mundo adormecido, le haga estremecer; que rayos cada instante, caigan sobre el sin cuento, que se hunda el firmamente, me agrada mucho ver.
La llama de u incendio, que corra devorando, y muertos apilando, quisiera yo encender; tostarse alli un anciano, volverse todo sea, oir como vocea, que gusto que placer.
Me gusta una campiña, de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto sin verdor; ni pajaros que canten, ni sol haya que alumbre, y solo se vislumbre, la muerte alrededor.
Alla, en sombrio monte, solar desmantelado, me place en sumo grado, la luna reflejar;
moverse las veletas, con aspero chirrido, igual al alarido, que anuncia el expirar.

Me gusta que al averno, lleven alos mortales, y alli todos los males, les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan corazones, sin mucho caso hacer.
Insolita avenida, que nunca fertil vega, de cumbre en cumbre llega, y arrasa por doquier; se lleva los ganados, y las vides son pausa, y estragos miles causa, ¡que gusto! ¡que placer!.

Las voces y las risas, el juego las botellas, en torno de la bella, alegre apurar;
y en sus lascivas bocas, con voluptuoso halago, un beso a cada trago, alegres estampar.
Romper despues las copas, los platos las barajas, y abiertas las navajas, buscando un corazon; oir luego los brindis, mezclados con quejidos, que lanzan los heridos, en llanto y confusion.
Me alegra oir al uno, pedir a voces vino, mientras que su vecino, se cae en un rincon; y que otros ya borrachos, en trino desusado, cantan al dios vendano, impudica cancion.
Me agradan las queridas, tendidas en los lechos, sin chales en los pechos, y flojo el cinturon; mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello, ¡que gozo! ¡que ilusion!.

Anónimo dijo...

Querido D. Ignatium:
Dada su condición de culto y avezado lector, le brindo un dato, a pesar de que el poema La Desesperación es atribuido a Espronceda, en círculos académicos se discute su autoría. No obstante el poema podría ser perfectamente de tan gran autor, dada su calidad. Recomendaría su lectura a Lucía Etxeberría y otr@s pajarrac@s
que aletean en el pesebre literario supliendo con felaciones su falta de talento.
Sin mas, salud y republica.

Paperman
PD/ Siento mucho no haber podido acudir a la presentación del libro del Gran Rafa.

Ignatium Regis dijo...

Tomo nota, mi querido hermano pródigo, Paperman, y confío en poder contar con su presencia en las próximas presentaciones de "la ñoaranza de artemio rulán", que las habrá, y celebradas.

Anónimo dijo...

Alli estaremos, levantando el viejo pabellón, ávidos de discursos y cervezas, y no precisamente en este orden.
Un abrazo
Paperman

Hi-ho Carver dijo...

Un poema, en verdad, enorme, mágico. A pesar de que soy a veces reacio a cualquier tipo de adaptación, no me disgusta en absoluto la de Tierra Santa, que logró reflejar parte de la fuerza de la composición.

Enhorabuena por el blog.