lunes, 8 de enero de 2007

ÁNGEL GONZÁLEZ. MENSAJE A LAS ESTATUAS

Vosotras, piedras
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos
el último perfil que os dejaron:
senos inconmovibles a un suspiro,
firmes
piernas que desconocen la fatiga,
músculos
tensos
en su esfuerzo inútil,
cabelleras que el viento
no despeina,
ojos abiertos que la luz rechazan.
Pero
vuestra arrogancia
inmóvil, vuestra fría
belleza,
la desdeñosa fe del inmutable
gesto, acabarán
un día.
El tiempo es más tenaz.
La tierra espera
por vosotras también.
En ella caeréis por vuestro peso,
seréis,
si no ceniza,
ruinas,
polvo, y vuestra
soñada eternidad será la nada.
Hacia la piedra regresaréis piedra,
indiferente mineral, hundido
escombro,
después de haber vivido el duro, ilustre,
solemne, victorioso, ecuestre sueño
de una gloria erigida a la memoria
de algo también disperso en el olvido.

1 comentario:

Catenaccio dijo...

Una estatua antigua en la vía pública es siempre una pregunta que un niño hace a su padre - ¿Quién es ese hombre a caballo -. Una estatua antigua es siempre una imagen que envuelve una historia. La figura hechizada en la piedra contiene un relato oculto, un subsuelo en el que yacen los fantasmas de ayer, como un iceberg sumergido en el agua. En el pasado los monumentos se levantaban para mayor gloria de los reyes, de los generales, de los dictadores... pero el porvenir dura mucho tiempo y, a veces, aquello que se erigió en honor de un tirano se convierte en memoria de la tiranía y de las víctimas de esa tiranía.

(De "Los mitos de la Historia de España" de Fernando García de Cortázar)