martes, julio 10, 2012

CRÓNICA. BAR CANTÁBRICO, VIERNES, 6 DE JULIO DE 2012


PARTIDO DE LA MÁXIMA; VICTORIA POR LA MÍNIMA

Partido de altos vuelos el disputado el pasado viernes en el bar Cantábrico, a la orilla del mar homónimo y en una tarde noche de agradable temperatura y con un terreno de juego en óptimas condiciones para la práctica de la poesía. La literatura hizo acto de presencia por fin, después de varios encuentros plagados de ocurrencias, de quiero y no puedo y de a ver qué hago que sea original aunque sea una porquería, y de esta manera pudimos asistir a buenas jugadas por parte de todos los participantes, sin excepción.

El partido comenzó con el retraso reglamentario mientras que público y jugadores departían amistosamente en las inmediaciones del estadio. Apenas se llegó a completar medio aforo pero fue por un público animoso y con ganas ver el espectáculo, aunque quizá un poco criticón y un tanto bullanguero, lo que llegó a sacar de quicio a algún participante que no dudó en recriminar esa actitud, más inocente y humorística que otra cosa, pero constante. Teniendo pues, todos los mimbres para el cesto: los libros, las mesa, las cervezas y los amigos, la contienda comenzó y enseguida pudieron verse las intenciones y el estilo de cada participante.

Alba García jugó con Alba González, Gonzáles Sanz, lo que ya se pudo interpretar como un claro gesto a las dobleces, los dobles sentidos y el redoble de suspense, pues suspendidos y asombrados nos quedamos todos cuando un helicóptero irrumpió de la nada en medio de unos versos sin que aún nadie acierte a adivinar su significado. Al margen del autogiro, cada vez que Alba, Alba G, Alba G S tocaba el balón, algo sucedía. Es un buen extremo corriendo la banda e incluso haciendo algún regate, pero tiene que levantar la cabeza a la hora de centrar porque los balones cruzaban el área sin rematador posible al alcance. Rescatamos al azar una de sus jugadas, apenas una instantánea, clara muestra de su juego:

"Falta una frase y eso importa
En ella puede estar un amor
declarado; la nota
de suicidio, la compra del mes
de un divorciado".

María Valvidares jugó con confianza. Quiero decir que llevó el libro de una amiga, Alicia Álvarez, la reina del regate. Alicia juega con las palabras como si fuera una malabarista del balón, ahora lo enseño, ahora lo escondo y ahora no se sabe si hay un balón o dos. Es espectáculo puro, pero le pasa un poco como a la selección española, que jugando a lo ancho del campo se entretiene tanto que a veces parece olvidarse de que las porterías están en los fondos. La dulzura innata de María no pudo evitar que se quedara sin marcar, aunque su jugadora dejó asombrado a buena parte del graderío. Una jugada clásica (si es que a algo de Alicia se puede llamar clásico) de este medio volante podría ser la siguiente:

"A ver, te lo vuelvo a explicar. Yo no quiero jugar al psicoanálisis, prefiero que nos toquemos, que juguemos a ¿qué te duele? Pero, por favor, que no sea en el fondo del alma, que eso queda muy lejos"

Martín Julio despachó uno de sus mejores partidos a pesar de figurar como espectador. Su visión del juego a los espacios, su gusto por las paredes cortas y su lengua afilada estuvieron presentes durante todo el encuentro. Incluso, y contra todo pronóstico, afloró la prudencia en su primer lance cuando refrenó sus instintos depredadores en un pequeño lío entre la propiedad y la autoría de uno de los jugadores alineados.

Nacho Rey sentó cátedra con su fútbol sencillo y efectivo. Lo suyo es la eterna búsqueda de la jugada perfecta, desenvolviéndose como pez en el agua en las mareas del contraataque, esencia pura de este juego; robar, correr, pasar y disparar. Es ya un clásico de este deporte, hasta el punto de que no es preciso preguntar de quién es este libro porque ya se adivina. Mereció más suerte su apuesta por J A Valente, jugador muy de su estilo y de su gusto que nos dejó detalles tan soberbios como este:

"Y todas las cosas para llegar a ser se miran
en el vacío espejo de su nada"

Rafa Cofiño es la irreverencia hecha futbolista. Contestatario, descarado y siempre impredecible. ¿Que el juego se llama Futbol de Poetas? pues él aparece con prosa. Y qué. Al menos era buena prosa, prosa lírica la llamaron. Un fútbol de toque, de combinaciones, pero teniendo siempre presente el objetivo del gol, algo que no llegó a pesar de la mucha voluntad y la presión psicológica que Rafa imprimió a cada una de sus jugadas. Le faltó quizá un poco más de precisión en el disparo y le pudo sobrar algún pase de más que despistó al respetable.

Por problemas técnicos, ajenos a la voluntad de esta redacción, no disponemos de testimonio gráfico para mostrarles un ejemplo del fútbol desplegado a través de Juan Carlos Mestre, así que tendrán que confiar en mi palabra: Era bueno.

El único gol del partido llegó en la segunda ronda y llegó de la mano, cómo no, del escurridizo Juan David Londoño, el Escapista Juancho. Tiene la rara habilidad este jugador de estar sin que parezca que está. Se acomoda siempre en un rincón del campo, apenas dice nada, no polemiza con los rivales y cuando te quieres dar cuenta ya marcó un gol y entonces ya sí que desaparece físicamente. Todo esto además jugando con jugadores fichados a última hora y sin apenas entrenamiento, casi descartes de otros equipos, pero que a él le rinden a un altísimo nivel, como en este caso Raúl Gómez Jattin. No sé si este fue el gol, pero es claro ejemplo de su fútbol, desconcertante:

¿De profesión?
Loco
¿De vocación?
Lerdo
¿De ambición?
Terco
¿De formación?
Ángel
Y ni aún así 
pudo contrarrestar 
el cabrilleo de los ojos de Jorge
¿De fornicación?
Lento

Con el partido ya avanzado surgió la aparición de un espontáneo de entre el público, un conocido alborotador llegado de Pucela junto con su hermano, mucho más prudente y colaborador hasta el punto de facilitarme el trabajo de campo desinteresadamente. Realizó una jugada meritoria, el espontáneo, más teniendo en cuenta lo precipitado de su aportación, pero a la hora de chutar a puerta se llenó de balón y acabó por sacarlo del estadio de un patadón. Les dejo con el remate, que es lo único que puedo descifrar de la foto que al documento le sacó Alba GT (Parece que hable de un coche y es curioso, porque estar, está como un tren):

En la virtud está la virtud
y el exceso es muchas veces
excesivo.

Alfredo Álvarez es perro viejo en esto del Fútbol de Poetas y busca tenazmente el máximo rendimiento con el menor esfuerzo. Su fútbol es práctico y directo, sin florituras ni adornos innecesarios. Un juego frontal, directo al área, sin intermediarios. No busca siquiera el rechace, no lo espera, no cuenta con él. Se lo jugó todo a un pase y remate con Lawrence Ferlinghetti, que didácticamente pretendió enseñar lo que es la poesía a base de ráfagas de palabras, de conceptos para ser visualizados en la mente del lector, casi de aforismos. No sabemos si lo conseguirá algún día pero es loable su intento. Veamos un par de sus jugadas:

La poesía: una mujer desnuda, un hombre desnudo, y la distancia entre ellos.

El poeta: un carterista de la realidad.

Y así concluyó este entretenido partido, no exento de cierta polémica por la prematura y ya repetitiva retirada del goleador justo después de marcar, y de cierto lance en el que Alfredo a punto estuvo de perder la compostura, llegando a increpar a Alba y a un propio de esta columna, por unos comentarios bufos sobre unos ciegos y unos bastones. Debió ver la tarjeta amarilla, pero como no tenemos se quedó en nada. Al final deportividad entre los participantes y ciertas miradas de envidia cochina hacia Elena, que se nos va de viaje a los United Estates. A trabajar, dice, pero nadie la cree.

Esperemos que durante lo que queda de verano aún podamos disfrutar de otros partidos semejantes aunque sea en torneos veraniegos tipo Costa Verde o un aún inédito “Memorial Nacho Nájera”.