jueves, 23 de junio de 2011

JUAN LUIS PANERO. FELIPE BENÍTEZ REYES. NOCHE DE SAN JUAN

NOCHE DE SAN JUAN

Anticuado, interrogo a las estrellas,
su desnudo, inapelable misterio,
mientras miro las llamas en la playa,
en esta noche cuando empieza el verano.
Lector de Drieu o Pavese, sé también
lo sencillo que puede ser acabar con la historia,
no preguntar ya nada, olvidar para siempre
esta apariencia de tarjeta postal.
Frente a mí, imperturbables, desveladas,
pasan, en silencio, vida y muerte,
evitando, con un rictus cansado,
este fantasma insomne, este papel en blanco,
esta hoguera apagada que perdura.

Juan Luis Panero

NOCHE DE SAN JUAN

Qué secreta y hermosa
es la noche festiva para aquel
que no tiene pasado: un tiempo frío
dentro del corazón.
Qué exacta noche
de fuego y juventud.
Qué diferente
ya de cuando éramos
aquellos que en la sombra
furtivos se besaban y reían.
Las muchachas se obsequian como entonces
y los amigos beben en una copa igual
a la que ya apuramos cuando fuimos
como estos que ahora se adueñan de la vida.

Felipe Benítez Reyes. 

domingo, 5 de junio de 2011

CRÓNICA. BAR CANTÁBRICO, VIERNES, 3 DE JUNIO DE 2011


DUELO EN EL FANGO EN SEGUNDA CONVOCATORIA

Partido rugiente y tenebroso el disputado en la tarde noche del viernes en el Bar Cantábrico, amén de caótico y frustrante. Como diría Miguel “el vasco”: La poesía está hecha una mierda. El que no se limita a juntar palabras presumiblemente hermosas sin profundizar en algún sentimiento o motivo, ahonda tanto que no hay Dios que lo entienda. Grandes y claros ejemplos de ello vimos en este partido en el que el disfraz de las palabras no lograban ocultar el rostro de ideas mucho mejor contadas centenares de veces, o peor aún, los desesperados intentos de mostrar originalidad, que suelen acabar confundiendo las ocurrencias con el arte. Algo de literatura se vio, no obstante, aunque fue aplacada sin piedad. Esto es de agradecer ya que así nadie llega a hacerse falsas ilusiones y antes de que surja la pregunta sobre si esa jugada terminará en gol, ya se encargó el abanderado censor de guardia en la banda de señalar juego peligroso o peligro a secas.

Y es que este innovador deporte de mesa de chigre y amigable encuentro, cada vez tiene menos de innovador y se va pareciendo más a las solemnes y recias instituciones como la FIFA o, permítanme el atrevimiento, a la mismísima Naciones Unidas. Se le exigen cambios que favorezcan el espectáculo y la justicia en el juego, y prohíben sacarse la camiseta del pantalón, o en nuestro caso, se permite la repetición de autor y hasta de obra, lo que resultaría cómico sino fuera tan insultante. Así y todo cada participante es libre de exponer las ideas y cambios que se le ocurran, puede cursarse una instancia oficial o promover una recogida de firmas, todo lo que se quiera, que ya vendrán luego los socios fundadores, los países con derecho a veto, para poner las cosas en su sitio, en el que ya estaban.

En lo estrictamente deportivo, el encuentro fue de lo nunca visto. Jugadores Guadiana que aparecían y desaparecían misteriosamente, libros que jugaban solos y muchas e interminables pausas que cortaban el ritmo del juego. El prau estaba en pésimas condiciones, así que sólo aquellos capaces de levantar un poco el balón y la cabeza tuvieron opciones de acercarse al área contraria, pero las férreas defensas desbarataron cualquier intento de gol. Fútbol de patadón y tente tieso es lo que vimos, de pillar la matricula, o del jugador o el libro pero los dos no pasan. Aparecieron los intentos de coacción y de intimidación con frases como: “este poema es un clásico”, o, “vaya buenu que ye esti tío”, algo que no engañó a nadie. Si al menos hubieran intentado un bonito y generoso soborno probablemente habría sido acogido con vítores y palmas.

En definitiva, que el escaso público asistente (Marcos) se aburrió como una ostra con el fútbol ofrecido. Menos mal que la simpatía innata de los presentes hace ameno estos encuentros más allá de la disputa deportiva.

ANÁLISIS INDIVIDUAL

Carlinos: Sorprendió a los presentes por su humildad y con Joan Margarit, con el que a punto estuvo de marcar al menos un gol, pero la pareja de centrales, Alfredo y Coque, desbarataron sus intentonas sin contemplación alguna. Más previsible se mostró a la hora de otorgar validez a las jugadas ajenas, donde hizo buena la máxima de que menos es más.

Fermo: Jugar con L. M. Panero quizá no fue una buena elección, habida cuenta de cómo fue recibida su aportación antes incluso de iniciarse la contienda, que lo dejó poco menos que desahuciado. Una entrada a destiempo a mitad de partido hizo que tuviera que retirarse del terreno de juego tras ser atendido largo tiempo en la banda por los servicios médicos. En lo que estuvo, intentó jugadas de mérito, o casi.

Alba: Notable debut, pleno de entusiasmo y arrojo. Se le notó la inactividad y su fútbol resultó irregular. Destacó más por su conversación y natural simpatía que por las habilidades de su extremo peruano, Eduardo Chirinos, que evidenció una preocupante falta de adaptación, o viceversa. Su mejor lance fue hacia el final del encuentro donde a punto estuvo de sorprender a la zaga local, pero ya era tarde para regalos.

Nacho King: La decepción de la noche. Se esperaba mucho más de él. Un jugador de su categoría, que busca en cada palabra su particular Bosón de Higgs, no puede jugar un partido tan anodino como el de esta noche, sin interés, sin mordiente. Hay que adorarlo o defenestrarlo, pero tiene que movernos a algo. Vicente Gallego no estuvo a la altura. Aún así, el premio Alvear a la deportividad se lo lleva un partido tras otro.

Coque: Un quiero y no puedo. Un Robinho y un Cristiano hechos uno y lanzados como fuegos de artificio. Raymond Carver abusa de la bicicleta y de sus alardes técnicos indudables, pero acaba disparando flojito y a las manos del guardameta desde fuera del área porque le falta profundidad y regate. Tiene su público, que suele estar ubicado en la galería.

Alfredo: El oportunismo hecho hombre. Aparecer con Leonard Cohen la misma semana que le dan el premio Príncipe, es de un ventajismo intolerable y así se lo hizo saber la concurrencia con una anulación tras otra. La culpa acabó siendo del traductor después de que no cuajara su intentona por hacernos pasar por mentecatos, que probablemente lo seamos, algunos, pero no era el caso. Como defensa de cierre es todo un hacha desbaratando una ocasión tras otra. En su haber hay que apuntar que sí, que anula goles con tanta soltura que ya ni se molesta en preguntar quién es el autor de la jugada, pero lo contrarresta con invitaciones generales a cerveza, algo muy del gusto de los convocados.

Martín: El azote de la formalidad. Un Cholo Dindurra, un George Best, un Mágico González, un hoy juego la de Dios y mañana me rasco la barriga, y pasado, y al otro, y al otro. Tuvo tan buen gusto como feo gesto de participar con el libro de Nacho Rey, lo que le hizo acreedor de los primeros silbidos del respetable y del momentáneo secuestro de la obra por parte del autor. Falto de forma y de fondo, fue sustituido mediado el primer tiempo.

María: Entró por Martín y dotó al juego de un nuevo brío, no necesariamente mejor, pero nuevo y más ágil. Si trasladara su encanto personal al juego sería imparable, pero este viernes, con Francisco A. Velasco, jugó un fútbol opaco y lleno de imprecisiones en el centro del campo. No expuso a riesgos innecesarios su portería, pero sin correr riesgos, sin una triste triangulación o una simple pared, es muy complicado marcar goles.
Mato: El Guadina. Apareció con el partido empezado y se fue tras un par de jugadas. Alguien lo engañó y le dio para jugar a Manuel Alcántara (el primo de Miguel, según algunos), que fue el autor del único gol en el partido anterior. Estaba condenado al fracaso y lo alcanzó con notable éxito.

Rafa: No hizo mal partido, pero se limitó a cumplir el expediente. Falla pocos pases y no pierde el balón, pero juega siempre en corto y no encara al rival ni pisa el área contraria. Hay que reconocerle su fútbol ambicioso y que no mira mucho para la defensa, pero adolece de resolución a la hora de finalizar la jugada. Laura Casielles fue una apuesta digna que no alcanzó a destacar.

Juancho: El mejor en lo poco que jugó con Alfonsina Storni. Fútbol vertical, buscando la espalda del contrario y aprovechando los huecos, con profundidad y sentido. Un fútbol sencillo pero brillante. Fue protagonista de un gol fantasma. Lástima que está tan fuera de punto, pero en su descargo podemos achacarlo al jet-lag o al gin-lag .

Charly: Incomprendido. De la mano de Carlos Núñez (miembro de Les Luthiers), ofreció un fútbol pleno de exquisiteces y de recursos técnicos, entretenido y variado, pero no encontró la recompensa del gol. A punto estuvo de marcar pero cuando el meta ya estaba batido, apareció milagrosamente al cruce Coque que de un patadón sacó el esférico del campo. No es fácil marcar en un estadio repleto de versilibristas con un jugador que no sólo ofrece rima y métrica, sino que además hace alarde en cada jugada de un recurso estilístico diferente. Demasiadas exigencias para quienes les cuesta rellenar renglones.

Al final empate a cero y todos descontentos.