viernes, septiembre 12, 2008

PEDRO DE SILVA. MUERTOS EN LO ALTO

Me conmueven las muertes de los solitarios que merodean las fronteras, como éstas dos, en las páginas de ayer: el médico que hacía cumbres en soledad, sin dar a nadie pistas; el pescador arrebatado de una peña por un golpe de mar, y que callaría su lugar favorito, como suelen hacer los pescadores. En la elección de esas faenas la tarea es, en el fondo, un pretexto, que canaliza una inclinación secreta: gozar de la verdadera soledad, que no consiste únicamente en no tener a nadie al lado, sino en que nadie sepa bien dónde está uno. Liberado de todo el tejido que nos tiene sujetos, el solitario goza de otro estado y traba una intimidad especial con la naturaleza. Llamemos a ese episodio de unión por su nombre: religión. El mar y la montaña son las grandes reservas del espíritu, aunque el hilo sólo sea el ritmo de los pasos al pisar o los círculos concéntricos que rodean el anzuelo.

De La Nueva España, 12/09/2008.

4 comentarios:

Catenaccio dijo...

Goal!

sanders dijo...

bueno, bueno, sorpresas te da la vida, ví un comentario y asumí que era del incansable ignatium, que siempre se toma la molestia de hacer estas cosas y no desfallece en su fe y sus convicciones.
no te enfades, catenaccio. si pinché en el comentario, era porque en el fondo, tenía esperanza de que fuera alguien más el que participara de esti hallazgo...

Ignatium Regis dijo...

Fue y es Goal. Hasta ahora no pude declararlo.

Sea.

Anónimo dijo...

Gol!.
Paperman, 2ª sorpresa, pitxón.