miércoles, junio 11, 2008

RAFAEL GUILLÉN. CADA MAÑANA

Cada mañana el mismo
asombro, siempre nuevo:
el ver lo natural
que es para ti tu cuerpo.

Consabidas minucias
del rito del aseo,
que imperceptiblemente
elevas al misterio.

Desde mis ajimeces
vigilo tus linderos:
revuelas como un ángel
sobre tus mismos pechos.

Tu humedad se disputan
la juncia y el espliego.
¡Ay, frescura de aljibe
y calor de sesteo!.

En mis blandas murallas
aprisionado, veo
el hábito sencillo
que tienes de tu cuerpo.

Resuelves la materia
en puro movimiento;
cada escorzo insinúa
un ritmo en el espejo.

El repetido aire
que modela tus gestos,
es en ti cristalino
pero en mí es espeso.

De tu cuello desnudo
nace un hondo venero;
de tus brazos en alto,
la mimbre de tu pelo.

Al alba, cuando mido
tu distancia, no entiendo
la natural costumbre
que es para ti tu cuerpo.

De Los Vientos, 1967.

2 comentarios:

sanders dijo...

Qué bonito... qué gol, perdón, en qué estaría pensando, me pongo sentimental.
Me acabas de emocionar en una banal tarde de viernes de trabajo.
Qué poco me pega contigo este poema, grata sorpresa... realmente bonito y delicado, hay que ver lo que esconden las apariencias de duro...
Precioso, repito.
Qué gusto cuando los ojos de un hombre reflejan así lo que nosotras ignoramos de nosotras mismas...
Gracias por el descubrimiento.

chesire dijo...

De nada, miembra.