miércoles, diciembre 05, 2007

BILLY COLLINS. THE TROUBLE WITH POETRY

The trouble with poetry, I realized
as I walked along a beach one night –
cold Florida sand under my bare feet,
a show of stars in the sky –
the trouble with poetry is
that it encourages the writing of more poetry,
more guppies crowding the fish tank,
more baby rabbits
hopping out of their mothers into the dewy grass.

And how will it ever end?
unless the day finally arrives
when we have compared everything in the world
to everything else in the world,

and there is nothing left to do
but quietly close our notebooks
and sit with our hands folded on our desks.

Poetry fills me with joy
and I rise like a feather in the wind.
Poetry fills me with sorrow
and I sink like a chain flung from a bridge.

But mostly poetry fills me
with the urge to write poetry,
to sit in the dark and wait for a little flame
to appear at the tip of my pencil.

And along with that, the longing to steal,
to break into the poems of others
with a flashlight and a ski mask.

And what an unmerry band of thieves we are,
cut-purses, common shoplifters,
I thought to myself
as a cold wave swirled around my feet
and the lighthouse moved its megaphone over the sea,
which is an image I stole directly
from Lawrence Ferlinghetti –
to be perfectly honest for a moment –

the bicycling poet of San Francisco
whose little amusement park of a book
I carried in a side pocket of my uniform
up and down the treacherous halls of high school.

From The Trouble with Poetry and Other Poems, 2005.

LO MALO DE LA POESÍA

Lo malo de la poesía, me di cuenta–
mientras caminaba por una playa una noche
la fría arena de Florida bajo mis pies desnudos,
un espectáculo de estrellas en el cielo–
lo malo de la poesía es
que anima a escribir más poesía,
más pececillos que atestan la pecera,
más conejillos
saltando de sus madres a la hierba cubierta de rocío.

¿Y cómo acabará algún día?
a menos que al final llegue el día
en el que hayamos comparado todas las cosas del mundo
con el resto del mundo,

y no quede otra cosa que hacer
sino cerrar silenciosamente nuestros cuadernos
y sentarnos con las manos cruzadas en la mesa.

La poesía me colma de alegría
y me elevo como pluma al viento.
La poesía me inunda de pesar
y me hundo como una cadena lanzada desde un puente.

Pero principalmente la poesía me inunda
con ganas de escribir poesía,
de sentarme en la oscuridad y esperar a que una pequeña llama
aparezca en la punta del lápiz.

Y junto a eso, el anhelo por robar,
irrumpir en los poemas de otros
con una linterna y un pasamontañas.

Y vaya panda de delincuentes infelices que somos,
carteristas, ladrones comunes de tiendas,
pensé para mí
mientras una fría ola se rizaba en mis pies
y el faro peinaba el mar con su megáfono de luz,
que es una imagen que robé directamente
de Lawrence Ferlinghetti –
para ser totalmente sincero por un momento –

el poeta ciclista de San Francisco
cuyo pequeño parque de atracciones en forma de libro
llevaba en un bolsillo lateral de mi uniforme
subiendo y bajando los procelosos pasillos del instituto.

(Trad. Juan José Almagro Iglesias)

3 comentarios:

futrecalienta dijo...

Pues me encanta este poema, aunque me da que la traducción quizá podría ser un poco mejorable. Habrá que poner un puesto para apuntar a las bandadas de este pájaro pinto o paloma torcaz, ya que semos editores. Aunque donde manda Baterbly no debería mandar marinero...

futrecalienta dijo...

Buenas (para los interesados) y malas (para los editores) noticias. Ayer me acerqué por La Central y encontré que DVD editores acaba de publicar una compilación bilingüe de buena parte de la poesía de Billy Collins de título NAVEGANDO A SOLAS POR LA HABITACION.

Artemio Rulán dijo...

Bueno, siempre te queda Phil Collins,,,