martes, 20 de marzo de 2007

BENJAMÍN PRADO.VIII

Ahora quiero contarles
que esta mañana supe
cómo de un solo golpe puede ser la tristeza
un cuchillo que cierre el corazón
y una llave
que abra la poesía.

Todo empezó una noche,
cuando mi amor me dijo:
-Cuenta cómo me ves,
descríbeme en tus versos
y así
sabré quién soy
cuando me miras.

No pude conseguirlo.
Me adentraba en la jungla negra del diccionario
para luchar con verbos venenosos,
nombres llenos de púas,
adjetivos salvajes que siempre se escapaban,
que siempre me vencían.
Caminé por la nieve feroz de los cuadernos.
Volví a mi casa con la piel herida
por un enjambre de interrogaciones:
-¿Pero de qué manera describiré sus ojos?
¿Vivero de la luz?
¿Suburbios de la luna?
¿Qué le llamo a su boca:
biblioteca del beso
o fruta submarina?

Cada tarde,
ella inventaba la felicidad
igual que el arqueólogo
encuentra la figura de un dios sumando ruinas
o el cocinero corta
monedas de marfil en la manzana.

Yo seguía pensando si llamarle a su pelo
abogado del aire,
catarata adiestrada
o indicio del león.

Pero entonces
llegaron a nadar en mi sangre
los peces del infierno: las sospechas, las dudas;
y el egoísmo
puso
su puñal
en mi mano,
y la herí con verdades crueles y mentiras,
y ella
me dijo adiós.

Yo he escrito este poema para recuperarla,
para que no se marche,
para que me perdone.
Porque de pronto,
está todo tan claro
y es fácil de explicar:
-Cada vez que me tocas,
en mi corazón crecen
los racimos
rojos
de la alegría.

De Marea Humana, 2006.

3 comentarios:

Ignatium Regis dijo...

Escribo tu nombre,
imperecedero,
para que, en mi ausencia,
quien lea tu nombre
evoque mi tacto
sobre la piel de tu nombre
y tome, en mi nombre,
tu nombre
en vano.

Anónimo dijo...

Don Ignacio:
Pese a esa halitosis beneditista, acabarás escribiendo algo que merezca la pena... algún día.
Paperman.

Catenaccio dijo...

Muy bueno, Nachete. Aunque prefiero el de "Ebrias y enloquecidas gritaban las ratas... " ¿O eran las palomas?